Al Sur de mi mirada.
En el dorado de los trigales que habita en mis sueños nació tu sonrisa. En el movimiento que la brisa ha ido dejando en mi vida, se mecen los recuerdos.
Te dejé entrar por aquella puerta que permanecía cerrada de un portazo que le di al dolor, cuando creí ver en tus ojos la ternura que a mí, se me escapaba por la rendija inagotable del olvido.
En aquel atardecer creí ver la esperanza enredada en la brisa de tus manos. Se han sembrado girasoles en el campo de mi nostalgia. Mi deseo se ha quedado solo viendo el amanecer. El viento les agita cuando llegas, el cielo llora cuando te vas.
Nace un adiós prendido al Sur de mi mirada, y se adormecen los deseos en un óleo inacabado de ti.
Se despiertan los colores de la esperanza al amanecer. Adornan los pájaros con sus trinos el atardecer que arropa mi silencio.
Mi cuerpo yace en la orilla del mar, que me siente suya en cualquier horizonte desconocido.
Intento desprenderme del cariño que me regalas a la medida de tu propio miedo.
Sé que crees ver a una mujer enamorada, pero mi pecado es amar intensamente por encima de cualquier otro sentimiento, quizás por eso me hace llorar tu miedo cuando golpea mi puerta.
No hay olvido, perdón o un te quiero que cada día a partir de hoy no nazca en mi mirada. Al Sur de ella descansas tú, y un silencio que se quiebra cuando las lágrimas hablan el idioma del adiós.



