Amanecer cruzado
AMANECER CRUZADO
Despierta, ya tienes el desayuno, es día de colegio. El niño aun sin despertar dedico su primer pensamiento a la excursión que había en el cole, con sólo tres años su ilusión en ese momento era la visita a la granja escuela. Su mamá con el cariño habitual le trajo sus cereales. Empezó a tomarlos con desgana; ¿Quién tenía ganas de comer?. Los dibujos matinales, le recordaron el sueño de la última noche ¡El sol subía muy deprisa! Había dos campos, uno era verde, muy verde, en el otro el suelo estaba roto y era feo. -Vamos Jaime es hora de irse. ¡Llegaba la hora de la diversión!
El horizonte estaba tapado por el polvo, el terreno árido y seco recibía los intensos rayos del sol. Unas manitas huesudas tiraban de las raíces que crecían entre las grietas. Su fuerza apenas le sostenía. Tras un sueño inquieto e intermitente de la última noche recordaba un sol que subía muy deprisa, nunca se escondía, quemaba mucho y debajo había dos campos, uno era su casa y el otro era verde muy verde. ¿Qué era? Sus ojos reflejaban ansiedad, su mirada desesperación, su vientre hinchado hablaba del hambre. Una leve sonrisa surgió cuando su madre le ofreció un pecho seco y agrietado, ella le hablaba ¿Cómo lo llamó? no lo recordó, ni tan siquiera tenía nombre.

