Bitácora
Se buscaba en el movimiento que provoca el recuerdo de una risa; risa fingida en el oasis del vacío existente, que se acumulaba en más de una hipocresía.
Entre hilos perdidos en corrientes alternas, parían los dedos letras después de haber hervido una historia sin cordura en su cabeza. Un paisaje era inimaginable en esos momentos, a pesar de poder describir millones de colores que lo atrapan en belleza inigualable, a pesar de ser capaz de azotar una página del mismo color de sus ideas.
Y ella, pensaba en recrear una de sus historias de amor; amores perdidos, amores vencidos, sentimientos que habían dejado un inventario de sucesivas lágrimas en pañuelos de papel que habían muerto empapados de desdichas. Pero, el amor ya no era una opción para empapelar su cuaderno, más bien era una opción para entrar en alguna madrugada que le sorprendiera con el sexo que te hace renacer al deseo.
Y frente a ella, todo alineado, el recipiente de barro sosteniendo rotuladores de colores; verde, rojo y azul, para alegrar sus pensamientos, también un bolígrafo necesario y enganchado en perfecta simbiosis en un cuaderno verde azulado, el calendario adornado con rosas respirando pasiones, una foto símbolo inequívoco de momentos ya vividos, el cenicero de cristal tallado que sostenía el cigarrillo humeante y, en pleno proceso de evaporación, y desde luego la cerveza que le daba al conjunto un toque de irracional cordura.
Apuntes y diccionarios, ideas y tiempo de improviso encontrado, astucias, ironías, insultos...todo estaba escondido en un mar que tatuaba letras en su orilla. Parecía en esos momentos su vida, una novela de parodias desconocidas, que navegaban en la red virtual que se había convertido en parte de su vida.
Escribía sin parar, ahora habían casi desaparecido sentimientos que nacen sin título, se habían enfriado las reflexiones que gritan después de recibir varias bofetadas, ahora estaba a merced de lo qué, sus dedos podían expresar después de haber estado en silencio en el paraíso de la soledad.
Y esa soledad le daba el alimento para expresar, crear, y también inmunizarla de ecos desconocidos, que navegaban en la misma red, que le ayudaba a adorar a un papel en blanco que le seducía sin entretenerse en entender el porqué.
Y ya nada importaba, ya estaba la suerte echada, ahora estaba a merced de aquello que llamaban inspiración, ahora ya sabía, que debía dejarse seducir para parir letras que quizá, quedarían en el olvido o quizás, serían un sin fin de regalos para corazones desconocidos.
Ahora la oscuridad marcaba el calendario sin advertir que una rosa marcaba su espacio.
Pero, ella, escribía.

