Cálido recuerdo
sábado, 15 de julio del 2006 a las 08:53
Un instante y otro más eran en esos momentos su alianza hacía la realidad, no era necesario más, la belleza del paisaje se pegaba en su retina y entonces el silencio se convertía en esa melodía que nunca lastima al escuchar, le envolvía la hermosa canción de la vida que no siempre ahoga, junto a la arboleda un niño jugaba con las hojas caídas, su risa se mezclaba tras los cristales con los pasos que la soledad daba lentamente en su corazón, una soledad que había decidido, buscado, para no lastimar su corazón y quizás el de alguien más.
Cerró los ojos intentando evocar una imagen que aunque no moriría nunca, ahora dormía después de haberle dado un tranquilizante a su alma. Nunca dejaré de quererte, lo dijo sin querer en voz alta, el silencio le devolvió el eco del sentimiento que vivía en las rejas inquebrantables de la distancia, una distancia que ocupaba todo el espacio de cualquier sentimiento que pudiera nacer a partir del instante, que dijo adiós.
Nunca dejaré de quererte, nunca podré olvidarte, ahora sólo lo pensó, sabía que no había dado un portazo a un sentimiento, se le olvidó cerrar la puerta, esta seguía entreabierta, pero el espacio para entrar era tan frágil, que temió que el muro de la esperanza que lo sostenía se pudiera romper en miles de pedazos y todos ellos se perdieran en el silencio que invadía todo. Había empezado a llover, el niño que jugaba con las hojas caídas corría hacía el calor de unos brazos protectores, en esos momentos sintió el cálido bienestar de un recuerdo que nunca se perdería en los hilos de la distancia. Le pareció que en su jardín brotaba una flor de abril.

