Candados en el viento IV.
Me acuerdo de unas briznas de hierba que al quedarse prendidas en tu pelo, me enseñaron a saber lo que es un beso. Al intentar quitarlas, me robaste una huella perdida que en mis labios dormía noche y día. Fue en una de esas mañanas en las que nada era importante, sólo a través de una ventanilla, me hablabas de lo que querías que tú fueras para mí al recordarte en el futuro. Una pequeña luz que siempre estuviera en mi corazón, una luz que nunca se ha apagado porque la intensidad de lo que me diste se ha quedado en mis sentimientos para recordarte que te sigo queriendo aunque la soledad siga siendo mi compañera de recuerdos. Como la luz de aquella lamparilla que en aquella verbena conseguiste para mí.
Y envueltos en la brisa que sólo el mar sabe acariciar, devorábamos kilómetros de vida, robábamos instantes mientras me decías: Ahora eres mi chica.
El mar, que tanto me une a ti en el recuerdo, nos saciaba alejados del asfalto que todo lo quema, de las voces que no entendían que nuestro silencio de palabras para hablar de ti y de mí, eran una dialéctica perfecta en nuestros besos, manos y cuerpos, que cada noche le daban un abrazo provocador a la madrugada. Me deseabas entonces, me deseas ahora, me robabas besos, me dejaba seducir en el erotismo de tu perfil; igual que ahora que al besarme me desarmas y tú lo sabes.
Y el paisaje se sucedía en un cristal inexistente, en un aire ficticio que revolvía mi pelo y, acariciaba mi cuello, en unos días, saciados hasta el límite de aquello que nunca más he tenido. Descansaba la playa desierta en la que tus ojos decían: te deseo; nos miraba un barco hundido en la arena que se quedó con tu nombre y el mío.
Te puedo amar en silencio, pero no puedo desearte en secreto.
Ahora, ha renacido el recuerdo en la realidad. Los instantes que ajenos han galopado sumando momentos en el tiempo, han pasado a pesar, de no encontrarte en un horizonte que guarda las huellas de veinte años de nuestras vidas.
Ha vuelto de pronto un atardecer que sin saberlo nos esperaba. Han vuelto a hablar los besos de tu boca, te han vuelto a responder las huellas que dejaste impresas en mi piel.
Ahora dos corazones se hablan en silencio atrapados entre amor y deseo, ahora tus ojos siguen hablando cuando los cierras para sentir el lenguaje de mis dedos. Ahora no pienso sólo me dejo seducir por todo lo qué dices cuando guardas silencio. Y en ese silencio he descubierto que nace de nuevo un adiós, que naufragaba en el miedo, en mi miedo.
Ha vuelto a nacer un paréntesis que cierro yo, no deseo escuchar de tus labios un nuevo adiós. Te quiero demasiado para volver a encontrar sin esperarlo, lágrimas en los ojos que tanto me acompañan cuando te recuerdo. Te sigo esperando en mi silencio, pero también me dejo atrapar por otros te quiero.
- Deja tu comentario (10)

