En su bosque
Caminaba a través del bosque respirando humedad, tanteando las curvas de sus pensamientos, respondiendo a la sombra que caminaba a su lado.
Andaba por el camino que te indica la dirección, pero que nunca te coge de la mano, y su compañero deseaba agarrarla, destrozarla, deseaba apoderarse de su espacio que aunque parecía limitado, estaba invadido por todos los vacíos de los sueños que nunca han llegado a ninguna parte.
Seguía adelante, daba igual si tropezaba...el camino nunca se agotaba, quizá habría un final, pero sus píes aún podían luchar.
Su compañero intentó abrazarla, pero su cuerpo se perdía entre los alientos que formaban simbiosis con el frío, una fina nube que nunca se podía atrapar se evaporaba entre los árboles inertes que la miraban a su alrededor, caían al suelo alfombrado de hojas muertas, y a cada paso su crujido era el lamento de quién se niega dejarse atrapar.
Se sintió cansada y deseó parar, pero tuvo miedo, quizá al hacerlo su compañero podría alcanzarla. Se paró en el centro de un bosque que parecía entenderla, miró hacia el cielo y un arrebatador azul que hacia contraste con el frío de invierno, se adentró bajo su piel y le habló del amor.
De pronto sintió su abrazo, y no hizo nada, dejó caer sus brazos y se mantuvo inerte al dolor que quería traspasarla. Sintió unas punzadas de temor, de irritación en la piel que cubría su alma, y su corazón supo mirar a su compañero a la cara.
Le pareció de pronto que el bosque se sumía en un absoluto silencio, cuando la presión del abrazo del dolor causado por el miedo, cedió ante la fuerza de su propio corazón.
Siguió adelante, se cobijó en los colores que el bosque le regalaba, supo que no deseaba que la abrazaran, porque se sentía feliz con el abrazo que ella misma se daba. Se sentó junto a su soledad, y ella escribía.
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