En un gemido
Cuando lentamente se va apagando la luz del día, juegan las sombras que al azar seducen a la noche. A la noche la seducen porque perciben su oscuridad y ésta es un afrodisíaco para la imaginación, que se niega a aceptar que el sol se ha perdido en el horizonte.
Horizonte, qué bella palabra y cuanto esconde. Te escondes tú. Pero te adivino yo. Yo, me asomo en tu risa, perfilo tu mirada, suavizo el tacto de tus dedos y, ellos después dibujan sin saber porque. Por qué te enganchas en mis ojos; quizás te asomas a ellos aún cuando al ignorarme, me estás nombrando como parte integra de tu propio paisaje.
Paisaje sombrío cuando te asalta la nostalgia, paisaje sugerente cuando juegas con los recuerdos que te dio mi cuerpo, paisaje cálido cuando el frío extenúa tus sentidos. Tus sentidos son las directrices de mis manos. Ellas me hacen sentir más allá de lo que creí perder ayer, de lo qué pienso que puedo tener mañana, ellas son los pinceles que pueden ser capaces de dibujar sueños infinitos en mi alma.
Mi alma, qué es ella entre la esencia de tu nombre…brisa inesperada, ramas desafiando al sol mañana, mar envuelto entre las alas de todos los amores que han hecho supurar lágrimas de amor, nieve en las montañas. Nieve la que cubre tu pelo por estar preñado del paso del tiempo.
Tiempo adormecido entre instantes robados, que esperan pacientes tus besos asomando al miedo de un te quiero.
Te quiero, y se muere la inspiración en un gemido anhelado entre tus dedos.



