Nos espera una madrugada
Cuando en una madrugada me desperezo del sueño, veo caminos que anidan al final de la esperanza. Son caminos vivos de colores y palpitantes de huellas, que nunca han desaparecido a pesar del polvo del camino.
El cielo se une en simbiosis con los cuerpos que transitan hacia cualquier lugar. Lugares expectantes y desconocidos que se asombran del paso del tiempo.
¿En que lugar transito yo? Quizás mi corazón siempre busca una mano que me acompañe en el camino, pero algunas veces la soledad se convierte en esa mano desconocida, sin rostro, sin mirada y sin sueños, que se acomoda a tu lado y te empuja a vivir tus sentimientos y los ajenos.
Los edificios se mueven entre espasmos de realidad. Relucen durante el día haciendo acopio de valor cuando el sol les acaricia. Y cuando llega la oscuridad la luna eclipsa sensaciones visuales y magnifica las emociones que sólo tienen cabida en el mundo de la imaginación.
Hay momentos que vibran al ritmo de mi respiración, y si cierro mis ojos y recuerdo tu mirada, ella late al compás de mi corazón.
No deseo retenerla, quiero que me la regales tú, y apilarla en la estantería de todos esos libros que forman la biblioteca de mi vida.
Nos espera una madrugada. No espera con impaciencia, nos espera a ti y a mí.



