Hay días
Hay días en los que algo muere lentamente. Muere en la parte de tu interior que sólo es visible a los ojos de la melancolía. Va muriendo como ese beso que una vez nadie te dio, como aquella palabra que te pudo salvar y sin embargo te ahogó.
Hay días en los que las lágrimas creen confundirse con la lluvia de verano, y juegan entre ellas para perderse en el cristal de cualquier estrella.
Son días que lloran una traición, momentos que se evaporan cuando sin razón preguntas qué pasó; son los días en los que se adelanta el atardecer de un adiós.
Y en esos días me acompañan tus labios, que aún están grabados en el calor que despertaron en mi piel. Es entonces cuando tus ojos que ya saben reconocer mi tristeza, me miran y perfilan la esperanza que nunca dice nada, porque es más bonito su silencio perdido en la eternidad de tu mirada, que cualquier recuerdo clavado en las garras del olvido.



