Huellas de amor.

Ahora que me gustaría tanto hablarte, me he olvidado de la ausencia de nuestras comunes palabras, para imaginar que paseamos entre callejuelas escondidas con aromas y retazos de viejas historias antiguas, ya sabes, de esas historias que se han quedado prendidas en esas piedras añejas del asfalto, paredes limpias pero con espejos de historia que nunca mueren en el recuerdo, estatuas inertes de movimiento y con vida propia para mentes inquietas como la mía, cuando se trata de recordar o imaginar.
Y me imagino en un autentico goce de placer que caminamos en silencio, mientras los dos a la vez vemos las mismas cosas, tú con tu pasividad engañosa, yo con mi nostalgia y romanticismo que siempre está tan presente en mí. Y por un instante todo se ha convertido en un pase constante de imágenes que entre los dos, y si fuéramos capaces de describir en palabras, podríamos quizás, escribir uno de esos episodios de novelas, que se guardan en un viejo cajón, y que algún día alguien descubre y llora olvidando que el tiempo pasó.
Porque el tiempo hace lo que tiene qué hacer, y nosotros pasamos por él siempre con un excesivo silencio, siempre con una falta de imaginación atroz, que cualquier lector acusa en sus venas cuando al dormirse ni siquiera es capaz de recordar las letras nacidas del amor, aunque sea en silencio, pero puro amor después de todo. Amor que perdona, siente al otro por encima del tiempo, comprende que el valor de una mirada y de un gesto nunca muere, y no calla si sabe que al hacerlo...duele el silencio.
Por eso yo, dejo tu presencia inexistente junto a estas letras mientras paseabas conmigo, por el casco antiguo de la ausencia, y me duermo en tus brazos después de haberte soltado la mano.
Y también me besaste detrás de una estatua, que guarda celosamente su historia como yo guardo la mía contigo.

