Invítame a naufragar en tu boca
Miro en torno a mí, veo un inimaginable juego de colores que se confunden en tu perfil.
Se refleja en los cristales que al amanecer me recuerdan mis sueños, en las gotas diminutas que cubren de rocío la hierba del campo, en ese angosto camino que siempre ha estado coronado del puente de tus ojos.
No hay mayor pasión que tu boca intentando encontrar la mía, o abarcar en un atardecer frío el recuerdo del calor de tus manos.
Cuando el invierno oculta los rayos del sol, se mece tu cuerpo con el calor de una brisa tardía, y cuando me evocas en silencio mirando el atardecer de tus días, cabalgan las olas para encontrar una playa perdida.
Caminas despacio en mi vida perdida. Tu sonrisa reposa en un corazón que llora una despedida.
Descanso entre las letras de tu nombre, en las heridas sin cicatrices, en todos los recuerdos que te hagan llorar. Y tus lágrimas son el océano que me invita a nadar.
Invítame a naufragar en la humedad de tu boca.

