Mi soledad.
Hoy he visto un horizonte que intentaba tocar mi soledad con sus dedos. Mi soledad no lloraba, estaba sentada a mi lado adivinando los colores que traspasaban mi corazón.
Las dos hemos visto miradas perdidas que no encontraban destino para descansar. Hemos intentado atrapar con nuestras manos, a su paso, los deseos que orientaban sus huellas.
Mi soledad me ha dejado su hombro. Le explicaba que mi corazón no puede albergar tantos sentimientos, que a veces, después de sentir mucho, se lamenta al día siguiente de la resaca de amar.
Ella, que siempre me escucha cuando oscurece, ha derramado una lágrima por mí.
Y después cuando ya el sol empezaba a perder su brillo, se ha deslizado por la rendija de mi ventana sin decirme adiós.
Yo no he llorado, sé que volverá .

