
Va llegando el amanecer en el que dirás adiós, y te escribo estas letras que nunca podrás leer, pero te escribo a ti sin pensar en nadie más.
Tú y tu vida sembrada de dolor, habéis sido para mí un gran referente de humildad; en ti descansará la sabiduría de quien al sufrir ya de todo entiende en la vida.
En mi silencio, he derramado unas lágrimas al saber que en unos días te marcharás, dejarás atrás, años de quietud, pensamientos que en tu enfermedad sólo entendías tú; te recordaré con la mirada perdida, la razón confundida, la sonrisa apagada, y también con las ganas de vivir y comerte el mundo, luchando con él, junto a él, y creando entre tus manos ya casi inertes, la poesía inacabada del tiempo que te ha robado la vida.
Te dibujo un amanecer con los versos que fluyen de mis dedos, te lo regalaré con mi mirada, cuando en unos días vaya a despedirme de ti....
...en tonos rojizos, junto a la orilla del mar, de ese mar que llevas en la sangre y que ya siempre podrás admirar en libertad, con ausencia de dolor, sin la cárcel de la carne prendida en el cuerpo que ya no te responde.
Serás como la gaviota de Juan Salvador, cuando aquella vez me regalaste su relato y supe volar en libertad junto a tus sueños y deseos.
Aguanta un poco más y descansarás a la orilla del mar, no te quemará el sol, y la luna te abrazará; serás gaviota, arena, ola que muere en la orilla; serás agua, viento, tierra, aire ,y recuerdo que siempre podrá florecer en estos dedos que nunca se cansan de escribir.
Nunca me podrás leer, pero te daré todo lo escrito, cuando mi mirada te diga adiós con una sonrisa; después lloraré cuando nos dejes para buscar este amanecer que intento dibujarte.