Verdad
Una voz hasta entonces desconocida, se había quedado como un eco en su memoria.
La voz le había hablado sin querer de aquél que sabe escuchar otras voces, le había dicho entre líneas que su mirada estaba reflejada en los ojos que no veía.
La voz, le había hecho sentir abrazos entre silencios, caricias adormecidas por el tiempo muerto y vacío, aromas de lluvia de primavera...
Pero ella estaba paralizada, porque no sabía como entregar los sentimientos que tenía adormecidos, una voz interior le hablaba del miedo que nace de la verdad, de ese miedo que agoniza, y muere ante sus palabras.
Y pensaba en esa palabra VERDAD. Sabía que quizá había llegado el momento de afrontarla, porque ella sabía donde estaba, la reconocía a pesar de su pasado doloroso, a pesar de ser perfectamente capaz de dibujar los labios que siempre la habían negado, a pesar de no haberla podido reconocer nunca en otras miradas.
Y tenia miedo, mucho miedo, porque deseaba abrir las puertas al amor, pero no sabía cómo hacerlo. Quizá porque sentimientos que creía que eran sinceros, habían dejado pistas falsas en su corazón.
Recordaba haber entregado caricias sinceras, besos en los que entregaba su propia alma, abrazos que regalaban ternura en muchos momentos de inmensa soledad, silencios que explicaban el significado de innumerables palabras; pero tenía la sensación de qué nunca le había servido para nada.
Y ahora que casi se ahogaba entre sus propias lágrimas, se preguntaba... ¿A quién no le apetece soñar con el amor? ¿A quién no le gustaría que sencillamente le dediquen una canción de amor?
¿Quién no desea verse reflejado en otra mirada? ¿Por qué no soñar que hoy al dormirse, piensa en mí? Lloraba porque no se veía reflejada en sus propias palabras.
Y se asomó a esa fina línea que hay entre el desorden y la espera, se dejó llevar por el miedo que a pesar de abrazarte en compañía de la soledad, nunca duda que siempre hay un nuevo amanecer.
Se adentró en su interior, y escuchó de nuevo su voz, y ella escribía.


