Sedúceme
Mírame, traspásame
Secuéstrame, bésame
Enciérrame en ti, sedúceme
Acaríciame, agótame
Miénteme, adórame
Dime, dame tu boca
Acompáñame, acorrálame
Encuéntrame, reclámame
Libérame del miedo, con tu piel.
Mírame, traspásame
Secuéstrame, bésame
Enciérrame en ti, sedúceme
Acaríciame, agótame
Miénteme, adórame
Dime, dame tu boca
Acompáñame, acorrálame
Encuéntrame, reclámame
Libérame del miedo, con tu piel.
Al cerrar los ojos, aparece un atardecer rojizo y ajeno al tiempo que nos espera. Las notas de una canción invitan a perderme entre tus brazos, mientras tus ojos me ven más allá de lo que nadie es capaz de intuir.
Y me llevas hacia el límite del deseo que siento a solas, cuando imagino que tus manos estudian mi cuerpo que se ruboriza al pensar en tus miradas, y soy capaz de excederme de la forma que tú deseas.
Entre calma y espera te abrazaré sin pensar que después llegará un mañana, te besaré negándole al pasado qué tú, no estabas a mi lado, y sin palabras sabrás que mis letras, serán la realidad de lo que tanto anhelas.
Cierra los ojos y siénteme, dale la mano a la realidad, y abrázame cuando esté a tu lado sin pedirme permiso.
En un pulcro escritorio reposaban un puñado de folios, mientras unas manos masculinas de largos y finos dedos, parecían escribir, pero en realidad guardaban información.
De vez en cuando paraba para mirar la fotografía de mujer, que aún no había guardado junto a las otras.
Ésta, rubia como las demás, le hacía estremecer al mirarla. Sus ojos almendrados, labios carnosos, y los pechos pequeños y muy duros en su imaginación...le provocaron una erección, porque sobre todo imaginaba su mirada cuando sus manos rodearan su cuello, como había hecho con las demás; Se volvía cada vez, más exigente y selectivo.
Era la perfección del terror en unos ojos, lo que le obsesionaba hasta el extremo de imaginarse la mirada que buscaba.
Los recortes de periódico seleccionados, le causaban un extraño placer. Escogió uno, en el que se explicaba, que su pulcritud en cada asesinato, denotaba una personalidad exigente y perfeccionista, y que probablemente, buscaba esa perfección en cada víctima, pero, nunca tendría suficiente; seguiría matando.
Estaban equivocados, no era culpa suya, eran esas chicas, que se empeñaban en no darle lo que necesitaba.
Pero mañana por la noche, esa chica rubia y modelo como las otras, le daría esa última mirada para excitarle cómo nunca, pero ahora debía empezar a vestirse, porque ella le esperaba para cenar.
Se miró en el espejo, y agradeció ser tan atractivo, eso le facilitaba su objetivo.
Obtenía la confianza de esas estúpidas, que creían que por ser bellas, tenían el poder de seducirle; él les enseñaría quién tenía el poder...
Te puedo tutear con mi sexo, hablarte de usted con mi respeto, ser obscena en el pensamiento, abrazarte aunque mis brazos estén quietos; puedo olvidarme de lo que soy, si vuelves a mirarme así.
Te puedo hablar de miles de sentimientos o sensaciones indefinidas, al mismo tiempo que interpreto tus miradas sobre mí.
Puedo hacerte el amor con mis manos, mis ojos o mi corazón, mientras dibujo el perfil de tus labios en el lienzo de la oscuridad, cuando no estás tú.
Pero también puedo decirte adiós cuando ya no seas capaz de reconocer mi voz.
Blanco + blanco = negro
Lágrima + lágrima = sonrisa para todos
Hipocresía + hipocresía = verborrea incomprensible
Yo + Yo = Tú al cuadrado y los demás bajo cero
Silencio + silencio = gritos a la soledad
Hoy + Hoy = Lo que nunca fui, lo que nunca tuve.
Sexo + Sexo = Orgasmos que gritan
Inspiración + Inspiración = Tiempo de espera
Mis lágrimas no son por ti, son por todo lo que no te puedo entregar.
Una voz hasta entonces desconocida, se había quedado como un eco en su memoria.
La voz le había hablado sin querer de aquél que sabe escuchar otras voces, le había dicho entre líneas que su mirada estaba reflejada en los ojos que no veía.
La voz, le había hecho sentir abrazos entre silencios, caricias adormecidas por el tiempo muerto y vacío, aromas de lluvia de primavera...
Pero ella estaba paralizada, porque no sabía como entregar los sentimientos que tenía adormecidos, una voz interior le hablaba del miedo que nace de la verdad, de ese miedo que agoniza, y muere ante sus palabras.
Y pensaba en esa palabra VERDAD. Sabía que quizá había llegado el momento de afrontarla, porque ella sabía donde estaba, la reconocía a pesar de su pasado doloroso, a pesar de ser perfectamente capaz de dibujar los labios que siempre la habían negado, a pesar de no haberla podido reconocer nunca en otras miradas.
Y tenia miedo, mucho miedo, porque deseaba abrir las puertas al amor, pero no sabía cómo hacerlo. Quizá porque sentimientos que creía que eran sinceros, habían dejado pistas falsas en su corazón.
Recordaba haber entregado caricias sinceras, besos en los que entregaba su propia alma, abrazos que regalaban ternura en muchos momentos de inmensa soledad, silencios que explicaban el significado de innumerables palabras; pero tenía la sensación de qué nunca le había servido para nada.
Y ahora que casi se ahogaba entre sus propias lágrimas, se preguntaba... ¿A quién no le apetece soñar con el amor? ¿A quién no le gustaría que sencillamente le dediquen una canción de amor?
¿Quién no desea verse reflejado en otra mirada? ¿Por qué no soñar que hoy al dormirse, piensa en mí? Lloraba porque no se veía reflejada en sus propias palabras.
Y se asomó a esa fina línea que hay entre el desorden y la espera, se dejó llevar por el miedo que a pesar de abrazarte en compañía de la soledad, nunca duda que siempre hay un nuevo amanecer.
Se adentró en su interior, y escuchó de nuevo su voz, y ella escribía.
Ya no sentía calor en sus manos. Caminaba con la prisa de quién no puede atrapar el tiempo, los minutos eran incapaces de aliarse con sus sentimientos.
Se paró ante cualquier escaparate, de ésos que sirven para mirar sin ver nada. Sentía frío en su espalda, un suave cosquilleo de cansancio en sus píes, una voz que alimentaba su tristeza, y el eco de algunos recuerdos resonando en su memoria, le mantenían despierta.
La gente parecía andar a cámara lenta, pero ella, se precipitaba hacía un asfalto con la áspera apariencia del olvido escondido entre sus grietas. Se daba cuenta de cada una de ellas, porque caminaba mirando hacía el suelo sin levantar la mirada, y a cada paso dado, se sentía como si perdiera los acentos que hasta ahora, habían pronunciado sus sentimientos.
Se daba cuenta que cada vez le costaba menos olvidar, sin embargo, cada minuto recordaba unas palabras disfrazadas con reproches, que arañaban un presente teñido de un adiós esperando ser pronunciado, para darle la espalda al dolor.
La calidez del sol, le obligó a mirar hacia arriba y así olvidarse del asfalto. Y entre un llanto seco que nacía de su interior, supo que sus sentimientos guardarían silencio hasta que pudiera decir adiós.
Se paró ante un parque que la esperaba en silencio, se sentó con la tristeza fragmentada por diminutos recuerdos, que querían escapar de tantas y tantas preguntas lanzadas en un viento, que no solo era suyo...
Pero sintió ese guiño que te regala la esperanza, y sientes cuando la soledad te acaricia, y ella escribía.
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