Me acuerdo de unas briznas de
hierba que al quedarse prendidas en tu pelo, me enseñaron a saber lo que es un
beso. Al intentar quitarlas, me robaste una huella perdida que en mis labios dormía noche y día. Fue en una de esas mañanas
en las que nada era importante, sólo a través de una ventanilla, me hablabas de
lo que querías que tú fueras para mí al recordarte en el futuro. Una pequeña
luz que siempre estuviera en mi corazón, una luz que nunca se ha apagado porque
la intensidad de lo que me diste se ha quedado en mis sentimientos para
recordarte que te sigo queriendo aunque la soledad siga siendo mi compañera de
recuerdos. Como la luz de aquella lamparilla que en aquella verbena conseguiste
para mí.
Y envueltos en la brisa que sólo
el mar sabe acariciar, devorábamos kilómetros de vida, robábamos instantes
mientras me decías: Ahora eres mi chica.
El mar, que tanto me une a ti en
el recuerdo, nos saciaba alejados del asfalto que todo lo quema, de las voces
que no entendían que nuestro silencio de palabras para hablar de ti y de mí,
eran una dialéctica perfecta en nuestros besos, manos y cuerpos, que cada noche
le daban un abrazo provocador a la madrugada. Me deseabas entonces, me deseas
ahora, me robabas besos, me dejaba seducir en el erotismo de tu perfil; igual
que ahora que al besarme me desarmas y tú lo sabes.
Y el paisaje se sucedía en un
cristal inexistente, en un aire ficticio que revolvía mi pelo y, acariciaba mi
cuello, en unos días, saciados hasta el límite de aquello que nunca más he
tenido. Descansaba la playa desierta en la que tus ojos decían: te deseo; nos
miraba un barco hundido en la arena que se quedó con tu nombre y el mío.
Te puedo amar en silencio, pero
no puedo desearte en secreto.
Ahora, ha renacido el recuerdo en
la realidad. Los instantes que ajenos han galopado sumando momentos en el
tiempo, han pasado a pesar, de no encontrarte en un horizonte que guarda las
huellas de veinte años de nuestras vidas.
Ha vuelto de pronto un atardecer
que sin saberlo nos esperaba. Han vuelto a hablar los besos de tu boca, te han
vuelto a responder las huellas que dejaste impresas en mi piel.
Ahora dos corazones se hablan en
silencio atrapados entre amor y deseo, ahora tus ojos siguen hablando cuando
los cierras para sentir el lenguaje de mis dedos. Ahora no pienso sólo me dejo
seducir por todo lo qué dices cuando guardas silencio. Y en ese silencio he
descubierto que nace de nuevo un adiós, que naufragaba en el miedo, en mi
miedo.
Ha vuelto a nacer un paréntesis que
cierro yo, no deseo escuchar de tus labios un nuevo adiós. Te quiero demasiado
para volver a encontrar sin esperarlo, lágrimas en los ojos que tanto me
acompañan cuando te recuerdo. Te sigo esperando en mi silencio, pero también me
dejo atrapar por otros te quiero.