No deseo estar en medio de ninguna parte. No
me atrevo a pronunciarte si sé que puedo perderte. Eres demasiado valioso para
mí, y también para mi recuerdo.
Tropiezo cuando entre sorbo y sorbo,
pronuncio tu nombre. Y soy brisa desapercibida en la noche, y eres sueño que
muere cuando el sol comienza a asomar.
Entre nicotina y cafeína, te quedas enganchado en el flujo de mi sangre. Y yo,
te distingo entre las sustancias que me acompañan en la oscuridad, sin tú
saberlo, sin poder remediar engancharme a tu sombra cuando mi nombre recorre kilómetros
en tu piel.
Con tu lánguida mirada, con tus manos
dormidas, con tu piel templada y tus ojos entornados; me lastimas si al darme
tanto, después vacila mi mirada en tu recuerdo.
Igual que una lagrima dormida, unos dedos
encogidos o unos labios agrietados antes de asomar el invierno en una vida, es
mi corazón, si pasas de largo por esta última estación.
Sé que es la última intención que nos regala
la vida. En ella me rindo aunque no me sienta cautiva de su aliento, un aliento
como el tuyo, que me lleva del deseo hacia tu sexo, y desde la pasión hasta el último
rincón de las cicatrices de tu amor. Como ves te siento sino, no sería capaz de
escribirte esto…
De nuevo se me escapa el sentimiento, se
engancha entre notas discordantes de un pasado intermitente y un futuro nublado
e imperfecto. De nuevo eres humo entre mis dedos, una presa que tropieza al
borde del corazón y, después encaja en el rompecabezas del paréntesis escondido
en nuestro deseo.
Ya me quedo aquí, sumergida en la esencia de
todo lo que te entrego. Me rindo, me quedo aquí prendida entre el pasado, y el presente
que nace en el tiempo austero, que me dice que me detenga pues aún, estoy a
tiempo.
Me quedaré esperándote aunque aún no ha
llegado el invierno, y guardaré silencio, mientras te veo sumergido en un mismo
recuerdo.
No sabrás de mí, si no asoma tu amor en
nuestro tiempo.