Mi alma, es mi arma

Era la venda de la convicción de su ideología, ésa que levantaba la bandera del horror a los ojos de los demás.
Él estaba en el pellejo del arma que se escondía en su alma, era en los momentos que se aproximaban, el arma de su alma.
Frialdad hacia su objetivo, unos ojos que no veía, una vida que no apreciaba; nada laceraba su parte emocional, que se ocultaba en una 9 milímetros.
Agazapado en un rincón que parecía atrapado por el tiempo, esperaba una nuca que escondía una vida, y que para él era un paso más hacia la libertad de una ideología.
Levantó su mano, apretó el gatillo; una vida se truncó y para él se encendieron un poco más los colores de su idea de la libertad.
Y ni siquiera cuando la prisión le abrazó, se dio cuenta que las rejas no le daban la razón, porque los colores de su bandera le cegaban la razón.
Y una risa cínica se dibujó en sus labios, una lágrima espesa golpeó su libertad, y una guadaña diminuta, comenzó a crecer para sustituir el arma que se escondía en su alma.







