Playa sin nombre
Se oye en la noche, el bramido de la oscuridad.
El miedo acompasado de la lejanía de un recuerdo, traiciona la sinuosa suavidad de la brisa nocturna. Se mezclan el arrullo del mar y la luz que la luna ausente de todo regala a la noche.
La arena fina de la playa sin nombre, descansa del calor que el sol la hizo brillar, quemar en la soledad del día, cuando aún ningún pie descalzo invadió su espacio. Fino es tu tacto, seduce a los ojos su brillo, casi tortura a la vista la ausencia de restos abandonados por las manos del hombre.
Se alza impetuosa la belleza de una playa virgen que aún no ha sido violada.
Allí reposan los recuerdos del aire mezclados con la sal, allí juegan las olas en una orilla con los brazos abiertos, allí quizás se encuentren unos labios agrietados de deseo. Es posible que allí, nazca cada día e incluso a cada momento, una nieve de verano que duerme hasta que llegue el invierno.
Todo es un juego que nace en un sueño. Un sueño que habla al amanecer con el tiempo que aún despierta, del petróleo que quizás llegue mañana, o de esa respiración que naufragó en el adiós de una marea, o quizás todo se quede en la orilla; el papel, el cigarrillo, el desperdicio del perecedero alimento que alguien no quiso, el vidrio que atrae los rayos del sol, o la deshumanización que tapa la noche con su inmensa oscuridad.
A pesar de todo, la playa violada recobra su fuerza y belleza cuando el asfalto de la ciudad, llama a gritos al silencio que le vuelve loco.
Tengo en mis sueños un mar de plata que hoy se baña en tu mirada líquida.
El mar reluce cuando deseas compartir un atardecer conmigo. Te roba la emoción y me seduce cuando duermo.
El mar hoy me dice, que las lágrimas que he derramado por ti, son la fusión de la emoción y los sentimientos que te pertenecen. Me dice que tus manos, dibujan sin querer el contorno de los recuerdos que están por nacer, me dice que a menudo le buscas en soledad y te dejas mecer por su fuerza.
El mar hoy, respira en mi distancia la ternura que descansa en mis dedos, para regalarte mañana, el cariño que descansa entre la sal de su agua y la fuerza que siempre hay en tu mirada.



