Prisionera de un adiós
Se asomó al balcón de un recuerdo. Encontró matices que nunca se pronunciaron con color. Los había visto en blanco y negro, y en su belleza traspasó el límite del placer olvidado.
Pensó que soñaba con un amanecer atrasado en el tiempo, que sus manos nunca se prolongaban al calor que deseaba regalar.
Se sentía prisionera de un adiós que nunca llegaba a pesar de ver siempre su esencia bailando en cada atardecer.
Buscaba un horizonte sin huellas, pero sólo encontraba en el viento la melodía del nombre que quería olvidar.
Él se quedó enganchado en las curvas de sus pestañas, en la altura de sus tacones, en la sensibilidad de sus pechos, en la sensualidad de sus caderas. Él se había desintegrado molécula a molécula en el erotismo de sus sueños.




Comentarios sobre Prisionera de un adiós
Muy sensual tu comentario Anna, enhorabuena.
Besitos
Gracias cielo.
Un beso.