Mi querido amigo, mi querido amante, mi querido amor
Si cierro los ojos y te asomas al balcón de
mi amor, te regalo todo aquello que guardo en mi voz y en mi corazón.
Tengo entre mis brazos y mis manos, amaneceres y atardeceres que adornarán tu
piel, harán brillar tu mirada, y nunca se atreverán a no estudiar el deseo que
me regalas.
El mar ha brillado a pesar de tener tus brazos lejos del dibujo que mi cuerpo
hacía en la noche. La luna me miraba desafiante cuando con su luz besaba la
orilla del mar, y entonces tu sonrisa se perfilaba como una brisa adormecida en
el futuro.
Estabas en la toalla vacía que descansaba a mi lado, en el despertar inquieto
de una madrugada demasiado temprana, en la sonrisa de la luna cuando estaba
llena de ti y de mí.
Y ahora entre horas intempestivas que buscan soledad, me llenas del deseo que me hace despertar de nuevo a tus ojos.
Yo, ya, camino a tu lado. Siento
los dedos que se mueren por tocarme, los labios que me muestran las grietas de
los besos perdidos, las manos que abrazan el silencio en un oasis desconocido.
Necesito que el agua de la vida, nos acaricie sin prisa, necesito refugiarme en
tu cuerpo en los instantes que compartimos. Deseo una vida líquida para
sumergirme en lo que esconde tu boca. Me deshago en el 80% de agua que en mi
interior dan forma a tus píes, cuando dejan huellas en la orilla que marca tu
nombre.
Mi querido amigo, mi querido amante, mi querido amor… déjame pronunciar tu nombre cuando me hagas el amor.
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