Sin título
Sé que en un próximo amanecer, cuando el tiempo que ahora es nuestro ya no nos pertenezca, dibujaré el contorno de tu risa, y nacerá un recuerdo.
Habrá ese aroma que traído por la brisa se mezclará con un adiós en la oscuridad. Y en ese instante miraré, igual que ahora ese horizonte que siempre he andado sola.
Casi toco los labios de la vida cuando camina a mi lado, y me recuerda que a cada paso nace una lágrima escondida tras un beso y una caricia.
La vida, una hermosa dama coqueta y distraida, ella, sonríe cuando nace un nuevo día y seca esas lágrimas que surcan nuestra piel, dejando a su paso la esencia de los sentimientos que las vieron nacer.
Mira ese horizonte que nos espera, está latente, rojizo, su línea está anclada a los deseos que nos unen, nos espera impaciente y comparte ilusiones cuando el sol le abraza o la luna le besa en su silencio y en plena oscuridad.
El poder de la noche es la oscuridad. Es un poder éfimero, superficial, en esa oscuridad permanece el aroma de las flores, y los colores que ves a plena luz del día, volverán. La oscuridad no mata la calidez de un beso o la suavidad de una caricia. La oscuridad cuando la vives en soledad, no es la soledad que realmente tienes, sólo, la soledad que imaginas.

